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César Darío Gómez quedó en las memorias de la musica del litoral como poeta, cantante, guitarrista, autor y compositor . Había nacido un 17 de septiembre de 1937, en San Cosme, Corrientes, cuando la música todavía se aprendía muchas veces de oído, mirando las manos de otro y dejando que la guitarra encontrara sola el camino.

Su historia tuvo primero el rumbo de los estudios y luego el de Buenos Aires, donde comenzó a escribir poemas que él mismo musicalizaba. A mediados de los años cincuenta llegó “Brisas Correntinas”, y en 1958, de regreso en su provincia, nació una amistad decisiva con Tránsito Cocomarola. De aquel encuentro quedaron, entre otras páginas, “Peregrino” y “Fortín Correntino”, grabadas por el Taita.

Después vendrían Armando Correa, sus propios “Troperos del Taragüi” y las noches de las pistas bonaerenses, donde el chamamé encontraba también su lugar y su público. Más tarde fue representante de artistas, fundó el sello Universal y sostuvo desde la radio la difusión de su provincia con “Mi provincia”.

En 1997 la Legislatura correntina reconoció su aporte a la cultura. Y en 2005 publicó “Mano a mano con mis poemas”.

Pero acaso la mejor manera de recordarlo sea volver a sus canciones: “La tranquera”, “Lágrimas de indio”, “El gualicho”, “Correntino por demás”, “Arrimadito al fogón” o “Mi bella correntina”.

Porque César Darío Gómez murió en Corrientes, pero allí quedó su voz: entre un acorde, un fogón y la memoria interminable de su tierra.

Autor: admin