A 127 años de su nacimiento: Francisco García Jiménez, un "todo terreno" inolvidable | Raúl Anunciata
Fue periodista, comediógrafo, guionista, historiador y hombre de letras. Pero fue en el tango donde dejó su marca más honda. Desde “Zorro gris” hasta “Siga el corso”, construyó versos de precisión, cultura y refinamiento que todavía conservan el perfume de una Buenos Aires que ya no está.
El 22 de septiembre de 1899, Buenos Aires recibió a Francisco García Jiménez. La ciudad todavía tenía olor a barrio y a tranvía, y el tango buscaba su definitiva forma de canción. Aquel muchacho, que alguna vez firmaría también como “Joe Francis”, habría de convertirse en uno de sus letristas más distinguidos.
Empezó temprano. En la década de 1910 ya publicaba poesías y en 1918 estrenó “La Décima Musa”, su primera obra teatral. Después vendrían comedias, cuentos, ensayos, guiones cinematográficos y libros dedicados a la historia del tango y de Carlos Gardel. Pero el destino le tenía reservado otro escenario: la canción.
En 1921 apareció “Zorro gris”, con música de Rafael Tuegols. Allí ya estaba ese poeta culto y preciso, dueño de una palabra trabajada sin perder la música del verso. Después llegarían “Suerte loca”, “Barrio pobre”, “Alma en pena”, “Bajo Belgrano”, “Lunes”, “Farolito de papel”, “Malvón”, “Rosicler” y “Siga el corso”, entre más de 140 letras registradas.
“Alma en pena”, con música de Anselmo Aieta, acaso señaló la cima de su inspiración: una escena de abandono convertida en poesía. “Suerte loca”, en cambio, fue una declaración escéptica disfrazada de juego de naipes.
García Jiménez partió en Buenos Aires el 5 de marzo de 1983. Se fue el hombre, quedó el poeta. Y quedaron sus versos, esos que alguna vez supieron decir, con elegancia, aquello que Buenos Aires llevaba en el alma.
Raúl Anunciata
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