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Fue de esos pintores que miraban un paisaje y lo reproducían con magia. Frente a un árbol, una barranca o una sierra, Walter de Navazio parecía interpelarlos sobre qué tristeza guardaban aquellos espacios abiertos.

Había nacido un 18 de septiembre de 1887, en Bell Ville, cuando todavía faltaba mucho para que su nombre ocupara un lugar en la pintura argentina. Llegó a Buenos Aires para estudiar dibujo y pronto se apartó de los caminos más previsibles de la Academia. José Quaranta, los talleres de vitrales y, sobre todo, Martín Malharro fueron formando su mirada.

En 1909 cruzó el océano. Europa le mostró el impresionismo y el posimpresionismo, pero al regresar encontró su verdadera materia en otra parte: Córdoba, sus sierras, sus tardes, sus silencios. En 1913 obtuvo el Premio Adquisición del Salón Nacional por "Fresco vespertino". En 1919 llegó el segundo premio por "Tarde en San Alberto".

Sus títulos ya decían mucho: "Quietud", "Tarde triste", "Mañana gris", "Día gris". No pintaba solamente lo que tenía delante. Pintaba lo que aquello le hacía sentir.

Vivió con enormes dificultades económicas y murió en Buenos Aires, víctima de tuberculosis, el 23 de mayo de 1921. Contaba apenas 33 años.

Después vinieron los homenajes, las exposiciones póstumas y los museos. Pero acaso su mejor homenaje permanezca en aquellas telas donde una sierra, una tarde o un cielo siguen diciendo, en silencio, algo que Walter de Navazio supo escuchar.
 

Autor: admin