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Proponerse romper, matar, aniquilar a la injusticia de enterrar en el olvido a figuras como Alberto Weisbach debe ser un acto irrenunciable para todo aquel que se precie de defensor de la cultura argentina y el lector lo comprenderá con el correr de estas líneas.

Había nacido en Fray Bentos, pero su destino estaba ligado al teatro. En 1902 estrenó "El Sargento de Milicias" en el Nacional. Dos años después llegó "Blancos y colorados", en el Argentino. Después vendría "Resaca", premiada en el concurso del Teatro Nacional de 1911, obra que terminó de afirmarlo como autor.

Pero la gloria tenía todavía una puerta entreabierta. Se llamó "Los Dientes del Perro", escrita junto a José González Castillo. Allí, entre bambalinas, apareció aquel tango que habría de caminar por Buenos Aires durante generaciones: "Mi Noche Triste".

Weisbach escribió mucho y trabajó con nombres enormes de la escena. Pablo Podestá, Orfila Rico, Roberto Casaux, Camila Quiroga, Muiño-Alippi. También compartió páginas con González Castillo, Manuel Romero y tantos otros hombres de teatro.

Y estaba Gardel. No sólo como intérprete. También como amigo. Desde aquellos tiempos de Alippi, González Castillo y "Los Dientes del Perro", la relación entre ambos fue profunda.

Cuando Weisbach murió en Montevideo, el 25 de septiembre de 1929, Gardel estuvo en su velatorio junto a José Razzano. Frente al cuerpo inmóvil del amigo, le pasó la mano por la frente y dejó una frase que todavía conserva el temblor de una despedida: “Sos bueno hasta para morirte”.

Después organizó una función a beneficio de la viuda. Porque acaso ésa haya sido la última obra de Weisbach: la memoria de los amigos que quedaron para contarla.

Autor: admin