A 88 AÑOS DE SU NACIMIENTO: Jaime Torres una historia con el charango como estandarte | El Mayolero
Nació en Tucumán, hijo de inmigrantes bolivianos, y llevó el sonido del altiplano a los grandes escenarios del mundo. Desde la “Misa Criolla” hasta el “Tantanakuy”, construyó una obra que convirtió al charango en una voz mayor de la música argentina.
Fue de esos hombres fueron uno con su instrumento. Jaime Torres podría decir lo mismo que cantaba Rubén Juáres en "Mi Bandoneón y yo" pero con el charango. Nació un 21 de septiembre de 1938, en San Miguel de Tucumán, y desde aquel día quedó ligado a una música que venía de lejos, de las montañas, de los pueblos y de una herencia familiar que llevaba en la sangre.
Su charango cruzó fronteras. Estuvo en la “Misa Criolla”, acompañó a Ariel Ramírez y llegó a escenarios que parecían reservados para otras músicas: el Teatro Colón, la Filarmónica de Berlín, el Lincoln Center. En 1974, incluso, participó con su conjunto de la apertura del Mundial de Alemania.
Pero acaso su obra más entrañable estuvo lejos de los grandes carteles. En Humahuaca creó el “Tantanakuy”, ese encuentro de músicos y comunidades que hizo de la música una ceremonia compartida. Después llegaron los chicos, con el “Tantanakuy Infantil y Juvenil”, porque Torres entendía que una tradición sólo permanece cuando encuentra quién la continúe.
Compuso para el cine, grabó numerosos discos y recibió premios y reconocimientos, aunque ninguno parecía alcanzar para explicar aquella relación íntima con el charango. “Desde el útero de su madre”, decía al recordar su condición de charanguero.
Partió el 24 de diciembre de 2018. Pero cada 21 de septiembre, cuando el calendario vuelve a señalar su nacimiento, el charango parece recuperar aquel sonido. Y entonces Jaime Torres vuelve a andar por la Quebrada, como si nunca se hubiera ido... Y en realidad nunca se fue.
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