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Existen artistas que, a través de sus instrumentos,  enseguida traen un paisaje, un pueblo, un camino de tierra, una fiesta popular. En Alcides Enrique Müller, ese paisaje tiene acento entrerriano y perfume de chamamé.

Nació en María Grande, departamento Paraná, el 24 de septiembre de 1950. La música llegó temprano a su vida, de la mano de su padre, inmigrante suizo y acordeonista aficionado, quien le abrió las puertas de un mundo que con los años se convertiría en oficio y destino.

Durante la adolescencia se radicó en Buenos Aires y comenzó a presentarse con su acordeón de dos hileras. Pasó por conjuntos como el de Raúl Gómez, el "Trío Amanecer" y "Los Ases del Litoral". En 1985 armó "Inspiración Ibera", proyecto que, pese a los cambios, mantuvo su nombre y sumó a nuevos músicos, entre ellos su hija Marcia, con apenas 9 años, en guitarra y voz.

Desde Paraná, donde se radicó en 1989, su carrera encontró nuevos escenarios. Festivales, radios y televisiones de la región fueron testigos de una labor que tuvo uno de sus momentos especiales en 2004, cuando llegó al "Festival de Cosquín" para participar de los homenajes a Tarragó Ros.

Su obra discográfica incluyó títulos como "Cabalgando en el pazuco", "Madrecita cosechera", "Al amigo ausente", "Cuando miro el horizonte" y "Acordes de un sentimiento". Como autor dejó unas 40 obras registradas, entre ellas "En mis andanzas de yerra", "A un poeta de Victoria", "Orillando el María Grande", "Inspirando mi teclado" y "Sentir peregrino".

Hoy, al celebrar un nuevo cumpleaños, Alcides Müller sigue aferrado al acordeón y a esa tradición familiar que encontró continuidad en Marcia. Porque algunas historias, cuando están hechas de música, nunca terminan de tocar su última nota.

Autor: admin