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Hay artistas cuya obra parece brotar del mismo paisaje que los vio nacer. Alcibíades Alarcón fue uno de ellos. Nacido en Posadas, Misiones, el 9 de septiembre de 1940, hijo de padre paraguayo y madre correntina, creció rodeado de voces, historias y tradiciones que dejaron una huella profunda en su sensibilidad.

Apenas tenía nueve años cuando comenzó a cantar intuitivamente y a participar de las fiestas patrias con poesías propias. En la adolescencia llegó el reconocimiento: ganó un concurso de galopa organizado por la Peña Itapua. Y durante el auge del folklore, en los años 60, viajó a Buenos Aires para intentar convertirse en músico profesional. Allí integró Los Hermanos Ariel y comenzó a dar forma a sus primeras composiciones de raíz litoraleña.

De regreso a Misiones, las peñas, las radios y el Festival Nacional de la Música del Litoral se convirtieron en escenarios naturales para su voz. También condujo “En ancas de los recuerdos” por LT17 Radio Provincia de Misiones, desde donde difundió la música de su tierra.

“El Yasí Yateré”, “El silbo del pombero”, “Gurisito de barro”, “Himno a Misiones” y, especialmente, “Misionero y guaraní”, grabada por destacados intérpretes, son parte de un legado que trascendió generaciones.

Paradójicamente, pese a su trayectoria, Alarcón no dejó obra grabada propia. Pero su nombre quedó inscripto en la memoria cultural de Misiones: el escenario del Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez de Posadas lleva hoy su nombre, como homenaje a aquel cantor que convirtió la selva, sus leyendas y su gente en canción.

Autor: admin