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Tenía una potencia serena, una dicción precisa y una manera de decir que parecía conversar con cada oyente. Nacido en General Villegas el 15 de septiembre de 1926, comenzó su carrera en 1948, en Radio Mitre, y muy pronto llegó a ocupar la jefatura de programación.

Después vendrían décadas frente a los micrófonos y las cámaras. En Radio Rivadavia hizo de La vida y el canto un espacio entrañable, mientras la televisión lo llevó por ciclos periodísticos, musicales y de entretenimiento. También actuó en cine y fue el primer rostro que apareció cuando Canal 13 inició sus emisiones, en 1960.

Pero reducir a Carrizo a la condición de locutor sería dejar afuera buena parte de su personalidad. Fue un lector apasionado, bibliófilo y profundo conocedor de Jorge Luis Borges, con quien mantuvo memorables conversaciones que luego quedaron reunidas en Borges, el memorioso. El ajedrez fue otra de sus grandes pasiones: llegó a presidir la Federación Argentina de Ajedrez y tuvo relación con figuras de la talla de Bobby Fischer.

En 1981 recibió el Premio Konex por su defensa de la cultura y, en 1992, fue designado agregado cultural de la Embajada Argentina en España. Siguió trabajando hasta sus últimos años, siempre cerca de los libros, la música y la palabra.

Murió en Buenos Aires el 1 de enero de 2016, a los 89 años. Quedó, sin embargo, algo que no se apaga: aquella voz. Cacho Fontana lo resumió con gratitud; Héctor Larrea, con admiración: “Carrizo es la radio”. Difícil encontrar una definición más justa.

Autor: admin