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Nació con el bastón de Mariscal del humor y no sólo lo esgrime es un escenario sino que lo lleva consigo, como una manera de transitar el mundo. Cordobés hasta en el silencio, convirtió la conversación cotidiana, el fútbol, el cuarteto, la noche y las andanzas populares en materia prima para una carrera profesional que atraviesa generaciones.

Carlos Alberto Álvarez nació en Villa Dolores, aquel 30 de septiembre de 1945. Desde entonces, entre cuentos, canciones y personajes, fue construyendo una identidad artística que encontró en el relato su territorio natural. “Don Abraham”, “Cuento del Zoológico” y “Velorio del Hincha de Belgrano” son algunas de esas postales donde el remate llega después de una larga vuelta, como sucede con las mejores historias: primero se las camina y después se las termina.

La televisión lo recibió en “Peor es nada”, “Videomatch” y “Showmatch”; el cine lo llevó a “La herencia del tío Pepe” y “Todo Sobre el Asado”; y el teatro le permitió compartir escenario con nombres como Nito Artaza, Moria Casán y Cacho Buenaventura.

Pero acaso su territorio más propio haya sido el disco. Desde “Las historias del Negro Álvarez” hasta “Cuento y canto”, su voz quedó registrada en una extensa discografía.

Hoy, cuando el calendario vuelve a señalar el 30 de septiembre, vale celebrar al artista que hizo de Córdoba una usina de relatos y de la risa, una forma risueña de contar la vida.

Autor: admin