Escuchar artículo

No pasó por el cine y hay otros que, terminó formando parte de su historia. Martínez Suárez fue de esos hombres que dejan un legado y un estilo para estudiar. Llegó desde Villa Cañás con esa mezcla de curiosidad y tenacidad que suele acompañar a los hombres que saben que una vocación no se declara: se trabaja.

Su primer largometraje, "El crack", estrenado en 1960, lo ubicó entre los renovadores de aquella llamada Generación del 60. Después hizo "Dar la cara", "Los chantas", "Los muchachos de antes no usaban arsénico" y "Noches sin lunas ni soles", títulos que fueron dejando una huella singular en nuestra cinematografía.

Pero acaso su obra mayor no pueda medirse solamente en metros de película. Durante décadas abrió las puertas de su taller a jóvenes que buscaban aprender el oficio. Por allí pasaron Lucrecia Martel, Juan José Campanella, Leonardo Di Cesare y Gustavo Taretto, entre muchos otros. Más de 120 cortometrajes nacidos de esa enseñanza fueron premiados en festivales de distintos lugares del mundo.

Hermano de Mirtha y Silvia Legrand, esposo de Marta Ofelia Urchipía y padre de tres hijas, Martínez Suárez también fue un hombre de familia, de afectos y de largas conversaciones. En 2002 recibió el Cóndor de Plata a la trayectoria y desde 2008 presidió el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El 17 de agosto de 2019 partió en Buenos Aires. Pero el cine, que sabe guardar lo que vale, conservó su mirada. Porque hay directores que filman películas y otros que, además, enseñan a mirar. José Antonio Martínez Suárez fue de esos.

Autor: admin