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El 6 de octubre de 1921 nacía en Rosario Cristián Hernández Larguía. Faltaban muchos años para que su nombre apareciera asociado a los grandes escenarios del mundo, pero aquella ciudad sería el punto de partida y, también, el centro de una aventura musical extraordinaria.

Desde 1946, su historia quedó unida al Coro Estable de Rosario, al que condujo durante más de seis décadas. En 1962 sumó otra empresa decisiva: la creación del Conjunto Pro Musica de Rosario, destinado a convertirse en uno de los grandes precursores argentinos de la interpretación de la música antigua.

No se trataba simplemente de volver sobre partituras de otros siglos. Hernández Larguía buscaba devolverles vida, alejándolas de cualquier solemnidad innecesaria. Partituras Urtext, instrumentos de época y técnicas interpretativas acordes con cada período formaron parte de aquella búsqueda que pronto despertó admiración fuera del país.

También tuvo triunfos. Arezzo lo recibió con premios; Cambridge lo nominó como Músico del Año en 1994. Y Pablo Casals, luego de escuchar al Coro Estable en el estreno sudamericano de “El Pessebre”, dejó una sentencia que vale como medalla: “Mejor que los coros de Londres y de Berlín. Cantan como se debe cantar… Cantan con amore”.

Pero acaso el verdadero premio haya sido otro. Durante más de setenta años, su trabajo dejó discípulos, continuadores y una tradición que llegó a ser conocida como la “Escuela Coral Rosarina”.

Entre premios, discos, conciertos y clases magistrales quedó, así, una obra que no necesitó alharaca para hacerse enorme. Hernández Larguía partió el 10 de febrero de 2016. Quedaron sus voces. Y cuando muchas voces cantan juntas, también permanece la memoria de quien alguna vez les enseñó a escucharse.

Autor: admin