A 125 años de su nacimiento: Carlos Mastronardi: la pluma que se inspiraba con aires gualeyos | Raúl Anunciata
Entre el río Gualeguay, las calles de Buenos Aires y una obstinada fidelidad a la palabra, Carlos Mastronardi edificó una literatura donde el paisaje dejó de ser decorado para convertirse en destino.
La noche de Mastronardi no era solamente oscuridad. Tenía calles, árboles, silencios, recuerdos. Tenía el rumor lejano de una provincia y esa extraña capacidad de la memoria para devolver, muchos años después, una imagen que parecía perdida. De esa materia nació buena parte de su poesía.
Gualeguay permaneció detrás de sus libros como una presencia persistente. El río, los campos, los caminos entrerrianos que había recorrido junto a su padre y aquellas conversaciones adolescentes con Juan Laurentino Ortiz fueron formando una sensibilidad que después encontraría su expresión más acabada en "Conocimiento de la noche", publicado en 1937.
Buenos Aires le ofreció otro paisaje. Allí conoció a Jorge Luis Borges en una librería, escribió en revistas, trabajó en "Crítica", frecuentó cafés y compartió inquietudes con los escritores que animaban la vida literaria de aquellos años. Participó del movimiento de "Martín Fierro", publicó en "Prisma", "Proa", "Nosotros" y "Caras y Caretas", pero nunca dejó que la modernidad literaria borrara aquella raíz provinciana.
Quizá por eso su poesía conserva una respiración particular. No necesitó de imágenes estridentes ni de metáforas desmesuradas. Le bastaba mirar. En "Luz de provincia", uno de sus poemas fundamentales, la tierra natal se transforma en recuerdo y el recuerdo, casi sin anunciarlo, en una forma de identidad.
Mastronardi también quiso pensar el oficio de escribir. En "Valéry o la infinitud del método" convirtió esa preocupación en ensayo y obtuvo en 1955 el Primer Premio Municipal de Prosa. Vendrían después "Formas de la realidad nacional" y "Memorias de un provinciano", entre otras obras que ampliaron una trayectoria reconocida con el Gran Premio de Honor de la SADE y un lugar en la Academia Argentina de Letras.
Cuando partió, en Buenos Aires, el 5 de julio de 1976, contaba 74 años. Gualeguay recibió sus restos. Como si aquel regreso cerrara un círculo: el hombre que había pasado la vida escribiendo sobre la distancia volvía finalmente al paisaje que nunca había dejado de acompañarlo.
Raúl Anunciata
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