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No apareció en grandes marquesinas ni fue el centro de la vidriera que ofrecían las carteleras. No obstante, quedó de ella un recuerdo persistente en la memoria del público que la disfrutó en sus labores actorales. Mónica Susana Galán, nacida en Buenos Aires el 16 de octubre de 1950, fue una mujer de fina belleza y de larga y reconocida trayectoria.

Su camino cinematográfico comenzó en 1974, con «La Mary», aquella película de Daniel Tinayre que reunió a Susana Giménez y Carlos Monzón. A partir de entonces, su rostro encontró lugar en producciones de distinta naturaleza, desde «Últimos días de la víctima» y «Asesinato en el Senado de la Nación» hasta «El lado oscuro del corazón», «No te mueras sin decirme adónde vas» y «El mural», donde encarnó a Victoria Ocampo.

También la televisión supo aprovechar su ductilidad. Pasó por ficciones populares como «Antonella», «Vulnerables», «Los simuladores», «Mujeres asesinas» y «Malparida», componiendo personajes que enriquecían cada historia sin reclamar protagonismo fuera de la pantalla. En el teatro, su recorrido incluyó el escenario del San Martín.

Su última apuesta fue «Baldío», dirigida por Inés de Oliveira Cézar. Galán fue ideóloga y protagonista de una película en blanco y negro que abordó la adicción al paco. Sabía que quizá no alcanzaría a verla estrenada: quiso dejarla como legado.

Partió el 15 de enero de 2019, tras afrontar durante más de dos años un cáncer. Su representante y amigo de cuatro décadas, Alejandro Vannelli, recordó su serenidad ante la enfermedad. Una despedida sin estridencias, como tantas veces fue su arte: intensa, humana y perdurable.

Autor: admin