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El arte de actuar no siempre necesita del primer plano. A algunos actores les alcanzó con la justeza de sus gestos, sus miradas o esa manera de decir que convierte un personaje secundario en una presencia difícil de olvidar. Todo eso tuvo la trayectoria de "Beto" Gianola. Nacido en Buenos Aires en 1922, construyó una trayectoria de trabajo constante, con la naturalidad de quien entendía el oficio como una vocación.

En el cine, su figura quedó asociada a numerosas producciones, desde «La casa del ángel» hasta «Un guapo del 900». Pero en «Rosaura a las diez» (1958) encontró una oportunidad para demostrar su capacidad dramática al encarnar a un asesino. Fue una labor que puso de relieve sus condiciones para moverse en registros intensos, lejos de cualquier ampulosidad.

La televisión también le ofreció un territorio fértil. «Distrito Norte», en 1958, formó parte de aquella etapa en la que la pantalla chica comenzaba a ganar un lugar decisivo en los hogares argentinos. Luego participó en ciclos populares como «Yo soy porteño» y «Porcelandia», acercando su oficio a públicos diversos.

El teatro completó ese itinerario. Trabajó en piezas como «Así es la vida», «El círculo de tiza caucasiano» y «Un enemigo del pueblo», compartiendo escenarios con figuras destacadas de la escena nacional. También escribió guiones para teleteatro y la obra «El carro de la basura».

Su labor recibió el reconocimiento de cuatro nominaciones al Martín Fierro como actor de reparto, premio que obtuvo en 1967. Padre de Fabián Gianola y tío de Martín, Beto partió el 17 de abril de 1981. Quedó su recuerdo y el testimonio de un artista que supo hacer del oficio una forma perdurable de presencia.

Autor: admin