SAN MAYOL, 119 AÑOS DESPUÉS: EL PUEBLO QUE EL TREN DEJÓ Y LA MEMORIA SE EMPEÑA EN SALVAR | Juan Imperial
Nació al compás del ferrocarril, creció entre ladrillos catalanes y una comunidad que hizo de la memoria una forma de resistencia. Hoy, mientras buena parte de aquellos pueblos rurales quedó despoblada, San Mayol sigue a encendiendo sus luces.
De los pueblos que quedaron esperando el tren hay miles pero de los que se niegan a quedarse esperando la muerte también hay muchos y San Mayol pertenece a estos últimos.
El 1 de octubre de 1907, el ferrocarril señaló en el mapa esta pequeña localidad del partido de Tres Arroyos. Y se edificó entre las casas catalanas, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, el hotel, los almacenes, las reuniones, las cosechas y aquellas tardes en que el pueblo parecía demasiado chico para contener tanta vida.
Pero el tiempo hizo lo suyo. El ferrocidio argentino arrancó vías y estaciones de los pueblos, mientras desde 1992 el modelo agroexportador de commodities transgénicas orientado a los mercados globales fue concentrando población y actividad económica lejos de estas comunidades rurales. Cambiaron los nombres de quienes ocuparon el despacho de Balcarce 50, pero el resultado, para muchos pueblos, fue parecido: persianas bajas, casas vacías y familias obligadas a partir.
San Mayol tampoco escapó a ese destino. Sin embargo, quedó algo más fuerte que el abandono: la voluntad de sus vecinos. La memoria comenzó a ordenar sus piezas, a recuperar documentos, historias, edificios y costumbres. La estación volvió a ser punto de encuentro; la vieja arquitectura encontró nuevos ojos; el antiguo camión de los Hermanos Core se transformó en homenaje al Circo Criollo.
Y ahora llegan nuevas presencias. La redacción de la Agencia ANCA, la de la Agencia ADA, el Grupo Sócrates Multimedio y UACDRA se van instalando poco a poco en el pueblo para desarrollar allí trabajos que vienen realizando desde hace años. Periodismo, comunicación, cultura y memoria empiezan a convivir con una comunidad que aprendió que despoblarse no significa desaparecer.
Porque San Mayol, a 119 años de aquel primer tren, sigue siendo una estación detenida en el tiempo, sí. Pero no una estación vacía ni un pueblo agonizante.
Juan Imperial
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