Un glosista que quedó en el recuerdo: Chichín López, la voz que le puso glosas al chamamé | Elsa Pucay
Nacido en Mercedes, fue intérprete, compositor y creador de una manera propia de sentir el chamamé. Compartió caminos con grandes figuras del género y dejó páginas musicales que siguen nombrando a su tierra.
El 13 de octubre de 1940, Mercedes, en el corazón correntino, daba al chamamé uno de esos hombres que hacen del acordeón una prolongación del sentimiento. Eduardo Miño creció entre músicos: su padre, Eugenio, y su hermano Ricardo, el recordado «Marianito Miño», le señalaron desde temprano el rumbo del fuelle. Todavía muchacho, ya animaba los bailes de su ciudad con conjunto propio.
En 1955 marchó a Buenos Aires, dispuesto a ganarse un lugar en la música. Mauricio Valenzuela, Isaco Abitbol, Ángel Guardia y Samuel Aguayo fueron algunos de los nombres con los que compartió su oficio. En 1957 se incorporó a la «Embajada Cartelera Correntina» de Leopoldo «Polito» Castillo, experiencia que le abrió las puertas de la radio, los escenarios y las grabaciones.
Su paso por la formación de Damián Cena dejó registros para el sello Odeón y composiciones como «Lanús Chaqueño», «La cerrazón» y «Paraje La Nena». En 1972 encontró un nuevo rumbo artístico junto a las jóvenes Hermanas Vera. Aquella sociedad discográfica, iniciada bajo el nombre de «Las Hermanitas Vera y su conjunto correntino», precedió a sus grabaciones como Eduardo Miño y su conjunto.
Con Music Hall, su acordeón siguió diciendo cosas del pago, mientras sus melodías encontraban intérpretes y nuevos oídos. «Paraje Boquerón», «Acuarela de mi pago», «Barrio Toro Cuá» y «Correntinísima» resumen parte de una obra arraigada en la geografía y el sentir de su provincia.
Eduardo Miño partió en Mercedes el 1 de abril de 1997. Quedó su música, esa forma de nombrar Corrientes sin necesidad de pronunciar discursos: alcanzaba con dejar sonar a su acordeón.
Elsa Pucay
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